¿Valió la pena zafarse de clase?
4:50 p.m. Estaba afuera del salón B37-38 divagando junto a Lukas (mi iPod) y pensando mil veces y lamentándome otras mil porqué tenía clases a la hora que la azul y blanco jugaba. Solamente porque tenía que recoger el mentado parcial y recibir el nuevo tema de período me detenía, sumado a que pensé que muchos otros “hinchas” como yo se terminarían saltando la entretenidísima clase de Física III y no quería colaborar a un éxodo masivo de estudiantes, lo cual podría ser catastrófico para exámenes posteriores.
Después de media hora viendo como resolvían el parcial, con mi 8.4 en la mano (que sabía a 10 y sin haber estudiado, cabe mencionar) el hastío de la cátedra, el calor, el hambre, sueño y ganas de ver a mi selecta, mi “equipón” me incitaron a tomar la determinación de salir de clases cuando hubiera un pequeño receso. Dicho y hecho, a las 6:10 p.m. tomé mis cosas y me fui, mientras Rolando (mi mejor amigo de la U) me acompañaba y socábamos porque no fuera goleada ya al minuto 20. Casi me caigo de las gradas con todo y bolsón.
Bajamos a la cafetería y estaba el partido, habían pasado no más de cinco minutos y el juego se mostraba parejo, la selección siempre apostando al juego a ras de pasto, explotando el medio campo, capitaneado por Sánchez y en esta ocasión, flanqueado por Cheyo, Castillo y Álvarez tratando de desquiciar a los sub-campeones de la Confecup 2009. Hubo un punto, por ahí del minuto 20 donde le dije a Roland “mae, sin querer estar jodiendo, la selecta está dominando” y que orgulloso me sentí de poder sacar pecho y (al menos) decir eso, la selección no dominaba a sus anchas, pero si tenía la pelota y hacía bastante con ella, lograban acercarse al arco protegido por Howard, presionaban como podían la salida del rival, y tanto que lo lograron aprovechar un error de Bocanegra en la banda, la pelota cayó a manos de “Fito” Zelaya y este logró mandar un centro maravilloso a la cabeza de Christian Castillo que agarró a contrapique al portero del Everton y supuso el primer gol (y único) de la tarde. Los aficionados que se habían dejado ir hasta Sandy, Utah para ver el mascón de su nostálgica selecta vibraron y solo ellos se escucharon cuando el “17” la puso al fondo de la malla estadounidense.
El resto de la historia del lado gringo, ya la sabemos, aprovecharon su altura para anotar los dos goles, cabe destacar que la jugada del 1 – 1, donde Dempsey anotó fue magnífica, tres jugadores en offside que no intervinieron en la jugada, distrajeron a la zaga nacional para esperar que el jugador del Fulham británico, viniera desde atrás, totalmente habilitado para cabecear y dejar sin oficio a Montes. No voy a justificar o a crucificar a la defensa criolla, quizás pudieron haber puesto una marca mas sobre Dempsey pero sencillamente pasó, los gringos son letales por arriba y no hay más que decir (por ahora). El 2 – 1 me agarró mientras me subía al automóvil, más o menos a las 6:40 p.m., decepcionado di un golpe al asiento del copiloto, el sabor celestial a gloria se había esfumado, pero la ilusión por ver
luchar, jugar, perseverar a la selección seguía ahí. No creo haber sido el único salvadoreño que, a pesar de ver y saber que esto era lo más probable que pasara, estaba contento porque la selección da la cara, lucha, pelea, se entrega, no se arruga con el gol en contra, no se desanima, jode que jode en el arco rival, la tocan entre si, no se desesperan, no los come la impotencia, pelean contra la picardía del rival, luchan hasta contra el árbitro hondureño, puta que árbitro mas malo, clásico de la CONCACAF, tan malo como los caribeños con sus inocentadas y los mexicanos a quienes Jack Warner los tiene bien aleccionados (léase “si no nos hacés el favorcito, no te mando al Mundial”… les apuesto que Joel Aguilar, ni por ser uno de los mejores árbitros del área, aunque a Ramos Rizo le duela, no lo van a mandar a la cita mundialista, pero eso es cuento de otro día), pero a la selecta ni eso les bota, no les bota ni que les hayan hurtado pertenencias en el hotel (hasta 12, 500$ perdidos). Estos muchachos saben que cargan con la ilusión de siete millones de salvadoreños aquí y más de dos millones que viven en el extranjero. Saben y cada día lo demuestran más, luchan mas, se dejan la piel, como ayer, en el segundo tiempo, acosaron el arco gringo, entraban por los lados, entraban por el centro, toque, toque y más toque, barridas para ganar la marca, peleas por arriba aunque las perdían casi todas, aunque poco a poco se iba denotando ansiedad y esa mala suerte contra el arco aún no los dejó anotar, Zelaya, Osael (que salió por Álvarez, quien venía con el abductor ya fregado), Cheyo, Reyes (que entró después por el ‘10’ del Ermis de Chipre), quien tuvo una oportunidad celestial frente a Howard y lo fusiló pero demasiado bajo. A todo esto, había venido ya a casa y mi madre con cara de sorpresa por haber llegado una hora mas temprano, le dije solamente que el profesor había dado y resuelto el parcial y nos despachó (cuando realmente dieron clase, dieron la nota de un laboratorio y parece que la clase se había quedado mas sola que un bar a media mañana). Zocaba con cada internada azul en el área estadounidense y también entraba en zozobra cuando los gringachos atacaban. Pero la ilusión se mantuvo hasta el final, el corazón latiendo a mil por hora y soñando con una remontada. Al final no se dio, como dictaba la lógica, pero no el corazón de todos nosotros los hinchas. Yo había augurado un 0 – 1 con gol de Álvarez al 89” y que si no se cumplía iba a bailar quien sabe que cosa, la Nadia sabrá. Mi selección cumplió, se entregó, siempre lo he dicho, antes y después del partido, incluso, se lo dije a Suker antes del partido contra Panamá, que a la selección nunca le pedí el mundial, pero si le pedí que jugaran bien, que fueran competitivos, demostraran talento y nos hicieran orgullosos. Y casi al final de la eliminatoria, vaya si no están defraudando, están cumpliendo con nota. Conste, esto merece que si podamos pedirles y exigirles el mundial de Brasil 2014. Lo que si me encantaría, es que este miércoles, se desquiten con los ticos, que vienen alicaídos de dos derrotas seguidas y con moral baja, hay que aprovecharlo, seleccionados. Quienes puedan ir al estadio, no lo duden, llénenlo y seguramente salimos victoriosos. Así como le digo a Fátima, “tengo una corazonada”
Y valió la pena zafarse de clase. Por mi orgullo de selección, ahora sí que lo vale.
Volvimos a las andadas.